Los supermercados, ¿expertos en espionaje?

“Su lectura permite entender cuántos sois en casa, cómo os afecta la crisis, si sales por las noches o recibes, si tienes alergias alimentarias, estado de salud de tu familia, si tienes jardín, si tu coche es nuevo o tiene 10 años, si eres manitas (…), datos psicológicos: si eres tacaño…”.

Todo esto se puede concluir con sólo leer un ticket de la compra, según Fernando Echanove, que asegura que ese pequeño trozo de papel que nos dan al pagar “es como el balance de una empresa”.

Los supermercados ya no se conforman con exponer sus productos estratégicamente en las baldas, ni hacer promociones o PLV, lo quieren saber todo de nosotros, actúan como auténticos psicólogos para conocer nuestra situación personal, social y cultural. Cada vez cuentan con más técnicas de análisis de datos para conocer los aspectos más íntimos de cada uno de nosotros y así ofrecernos los productos más adaptados a nuestras necesidades.

Pero los supermercados deben tener en cuenta los límites hasta los que debe llegar esta “violación” de la intimidad del consumidor, el cual puede sentirse observado en exceso. Precisamente esto es lo que pasó en Estados Unidos con los hipermercados Target. Charles Duhigg, periodista de The New York Times, en su libro The power of habit, cuenta cómo esta empresa identificó 25 productos que consumían mujeres que estaban embarazadas; pero no solo predecían su estado, sino también la fase de gestación. Gracias a este descubrimiento comenzaron a enviar cupones descuentos a potenciales mujeres embarazadas, pero éstas se sintieron espiadas, por lo que la empresa incluyó otros descuentos de productos más generales para evitar en las consumidoras ese sentimiento de que ya hasta los supermercados conocían a fondo su vida privada.

Las tarjetas de fidelización o más conocidas entre los clientes como tarjeta de puntos, no solo sirven para que nosotros nos beneficiemos, sino que a los supermercados, como Carrefour, les ofrece una información vital sobre nuestra cesta de la compra y así pueden seguir ofertándonos productos similares o complementarios. Estas tarjetas llevan circulando desde los sesenta y unos las han sabido aprovechar más que otros y lo seguirán haciendo, ya que con el uso de la neurociencia y la inteligencia artificial, la tecnología permitirá que existan carritos electrónicos conectados a dichas tarjetas para que nos vayan sugiriendo ofertas en el mismo momento de hacer la compra.

Como veis, ya no podemos pasar ni desapercibidos por el supermercado. Las estrategias de marketing son cada vez más personalizadas, tanto que nos conocen individualmente, lo que supone una gran ventaja para ellos pero… y ¿para nosotros?

Si queréis saber más sobre lo que dice la cesta de la compra de nosotros, leer el artículo “Cómo somos. Radiografía del carrito”, del País Semanal (nº 1.853) del 1 de abril. Además, viene un decálogo para ser un buen comprador de comida; aquí os dejo la primera recomendación: 1. No compre con hambre, cansancio o en situaciones de estrés: nos hacen más vulnerables a los trucos del marketing y acabamos adquiriendo productos que no necesitamos.

Mariana Peñalosa Sáez

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