Decidirse o morir

Esto es un guiño a nuestra manera de ver la vida, a nuestras pasiones y a todas esas cosas que hacen que la vida merezca la pena.

Podría ser perfectamente el inicio de un anuncio emocional que nos haría pensar en lo original que son esos creativos que hacen anuncios, o podría ser el inicio de una película, o podría ser el inicio de un buen libro. Visto esto, podríamos preguntarnos dónde está esa línea que separa la realidad de la ficción, ¿en qué momento dejaron de venderse las virtudes del producto para vender esa “cosa” inmaterial que nos vincula tanto a una marca?

En algún momento confundimos la realidad con la ficción, confundimos la necesidad con lo indispensable, y ¿sabéis algo? Las marcas son en parte las responsables.

Cuando los mercados comenzaron a abrirse, cuando las marcas comenzaron a aflorar y de cada producto había más de tres variedades todo cambió radicalmente. Dejó de argumentar al consumidor las virtudes racionales del uso derivado del producto, las cuales seguramente podrían ser igualadas por cualquier otro producto del mismo o menor precio, para ofrecer algo totalmente diferente: “esa cosa”.

Me gusta llamarlo así no por nada en especial, sino porque creo que le viene muy bien para definirlo. ¿En qué momento nuestras madres se deciden a comprar Ariel en vez de una marca blanca?, en el momento que Ariel les recuerda que siempre han estado ahí durante toda su vida, y a ver quién le dice lo contrario…

En el fondo toda estrategia tiene sentido y esta es asombrosa de lo buena que es, aunque puede que poco a poco, con la racionalización de las nuevas generaciones y la actual crisis económica, todo esté destinado a terminar. Las generaciones que crecieron con las grandes marcas cada vez se ocupan menos de la compra, y las nuevas generaciones poco aceptan el argumento emocional para justificar un desembolso mayor.

Curioso es también que esto no ocurra con otro tipo de productos, como son los tecnológicos y las grandes marcas de este sector, como Apple y sus deseados militantes. Parece que cuando el producto supone un desembolso de dinero muy grande, no sólo entran en juego factores racionales, sino también emocionales, porque de ese tipo de producto no podemos comprar varios normalmente.

No pretendo contaros más de lo que ya sabéis o podéis presuponer, mi intención es haceros ver cómo han evolucionado las relaciones entre los anunciantes y los consumidores, incluso en el proceso de decisión, en el que antes las marcas se mantenían al margen y en el que ahora luchan por ser las elegidas.

Candelas Segovia

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